24/04/2009

 

Malvinas: análisis de los argumentos ingleses  

Por Pablo Crocchi. Es necesario comprender y asumir que el usurpador inglés ocupa militarmente un tercio de nuestro territorio y manifiesta la intención de expandirse a la mitad a futuro en nuestra Antártida...

Malvinas: un análisis sobre la argumentación británica

Es necesario comprender y asumir que el usurpador inglés ocupa militarmente un tercio de nuestro territorio y manifiesta la intención de expandirse a la mitad a futuro en nuestra Antártida, con el peligro siempre pendiente de que lo haga incluso a territorio patagónico continental para afianzar logística y militarmente áreas usurpadas y pretendidas. Ya lo intentó abiertamente en 1908 con una Carta Patente del rey Edward, y solapadamente en 1921 durante los sucesos hoy conocidos como “ la Patagonia trágica”. Durante las dos Guerras Mundiales utilizó nuestros mares e islas como teatros de operaciones. Actuando como mediador atizó nuestros conflictos con Chile. También promovió guerras en la región entre países hermanos.

Sistemáticamente se ha negado a tratar la cuestión de la soberanía con Argentina, a pesar de las numerosas Resoluciones de Naciones Unidas emitidas a partir de la década del ’60. Su intransigencia y accionar agresivo en el área han provocado graves situaciones a lo largo de nuestra historia, como la llamada Guerra de Malvinas iniciada en el incidente de las Georgias del 21 de marzo de 1982.

Ya en 1951, después de un episodio de intercambio de disparos entre argentinos y británicos al Norte de la Península Antártica , el Presidente Perón recibió al embajador inglés quien planteó que esos territorios correspondían a su corona por integrar las “Falklands Dependencies”. Perón respondió: “eso me recuerda a alguien que se llevó un perro de mi casa y luego me quiso hacer un pleito reclamando el collar…”. En ese mismo lugar disputado a tiros, al año siguiente el entonces capitán Jorge Edgard Leal fundó nuestra actual Base Esperanza. Sirva esto de ejemplo para entender que siempre el simple accionar argentino en la región tensó las relaciones con el ocupante, y que siempre ese ocupante tuvo injerencia en nuestros asuntos internos provocando situaciones desfavorables y episodios sangrientos, como los golpes de estado de 1955 y de 1976, colaborando antes con sectas terroristas que desestabilizaron a los gobiernos constitucionales a derrocar, y luego con los gobiernos de facto instalados, inicialmente favorables a sus intereses.

Los argumentos ingleses

La corona inglesa -que sujeta a Gran Bretaña-, ante la falta de argumentación jurídica válida usa tres argumentos para intentar legitimar su ocupación:

1) el paso del tiempo (usucapión/ estoppel ); 2) la “autodeterminación” de los isleños y 3) la fuerza militar [el temor persuasivo]

El 1er argumento, período de permanencia (usucapión) y desinterés del reclamante (doctrina Estoppel).

Fue y quedó demolido el 2 de abril de 1982: a meses de que se cumplieran los 150 años del despojo de 1833 y de ocupación permanente, los argentinos recuperamos por 74 días nuestra integridad territorial desafiando a la potencia usurpadora. Se demostró allí el interés manifiesto del Pueblo Argentino por esta región usurpada, diluyendo con este hecho concreto cualquier intento de aplicar la doctrina del estoppel (omisión ante el accionar de otro Estado, que evidencia desinterés sobre la región reclamada). Nuestros caídos y VGM asumieron su destino decidida y dignamente frente al abuso de un enemigo superior en recursos materiales, conscientes de que lo hacían en justicia por una razón histórica trascendente y por la honra de su patria hacia el pasado, el presente y su futuro.

Aquel 14 de junio en que Menéndez rindió la Guarnición Malvinas, el usurpador británico inició una nueva ocupación de la hoy que transcurrieron 27 años. Nuestros caídos no lo hicieron en vano: el enemigo usurpador había perdido la continuidad y permanencia del viejo ciclo iniciado en 1833.

[Para comprender el espíritu de este 1er. argumento, o la razón del enemigo, es necesario saber que el derecho inglés se basa en la costumbre, en el paso del tiempo y en el acatamiento o la aceptación de la voluntad del rey, impuesta muchas veces por la fuerza. Gran Bretaña es el único Estado de la Unión Europea que no tiene ni tuvo jamás constitución escrita. La corona es el Estado: por su voluntad puede disolver el Parlamento y solo con su sello se pueden movilizar tropas (sin su sello no puede actuar ni una sección de tiradores). Eso de “el rey reina pero no gobierna” es otra falacia engendrada para preservar la imagen del monarca cuando se toman decisiones antipáticas (como el hundimiento del ARA Gral Belgrano), así “la culpa” y su desgaste la asumen sus ministros o gente reemplazable. La base estructural de su Derecho son las colecciones históricas de Decretos Reales llamadas “Cartas Patentes” y la jurisprudencia o colecciones de fallos o sentencias. Las Cartas Patentes expresan simplemente la voluntad del rey que declara, prohíbe o concede según el caso y sin límites a su voluntad. La otra fuente de su Derecho es la Costumbre , aspecto en que estos conquistadores se hicieron especialistas después de dominar a escoceses y galeses. Luego, al especializarse en el tráfico de esclavos, observaron que aquellos nacidos y crecidos en cautiverio eran más dóciles y sumisos que los capturados en la jungla. A la segunda generación nacida en cautiverio ya la idea de libertad o dignidad eran consideradas por los jóvenes esclavos delirios seniles de los ancianos. Así utiliza el ocupante colonialista el paso del tiempo para que aceptemos la situación de hecho y acatemos su voluntad.

También ese 2 de abril del ’82 se refrescó una memoria que parecía adormecida en un denso letargo de opio importado.

No debemos olvidar que su filosofía esencial dominante surge de un idioma que tiene un solo vocablo para indicar los conceptos “ser” y “estar”: el verbo “to be”. De allí tal vez surja esa cosmovisión patética sobre el ser humano, que niega el “deber ser” (lo recto, lo justo que se expresa en nuestras leyes escritas), a partir de un sádico concepto de pragmatismo del poder.]

El 2do argumento, “la autodeterminación” de los isleños.

Este argumento netamente falaz, se refiere a una población trasplantada a la cual la corona comenzó a prestar atención para utilizarla como argumentación política para fraguar inexistentes derechos luego de los sucesos bélicos del ’82. Esos pobladores –por lo general descendientes de súbditos “expulsados” de las islas británicas por motivos políticos u otros-, jamás pudieron elegir a su gobernador ni optar libremente por su organización política: aceptan de hecho, sin referéndum, las decisiones y Cartas Patentes o decretos de la corona. El número histórico de los allí nacidos nunca superó, ni supera hoy, los 2.300 habitantes. Para tener una idea de lo que esto significa pensemos que cuando en las Islas Georgias (San pedro) funcionó la Compañía Argentina de Pesca [CAP] desde 1904 hasta 1965, ya en 1930 su población superaba los 1.800 habitantes. Para dimensionar con más precisión la magnitud de la cuestión invito a comparar con las cifras de población de algunos puertos patagónicos argentinos situados a similar latitud y poca distancia relativa:

1) Caleta Olivia/ año 2001: 36.060 habitantes.

2) Puerto Deseado/ año 2001: 10.250 habitantes.

3) Puerto Santa Cruz/ año 2001: 3.470 habitantes.

4) Comandante Piedrabuena/ año 2001: 4.170 habitantes.

5) Puerto San Julián/ año 2001: 6.150 habitantes

6) Río Gallegos/ año 2001: 78. 960 habitantes.

7) Puerto Grytviken/ año 1928: 1.850 habitantes - (dato histórico Islas Georgias – San Pedro).

Es decir, los territorios usurpados del Atlántico Sur están hoy vacíos y “vaciados” por el ocupante.

Los archipiélagos de Georgias y Sándwich no tienen ya población estable alguna, solo son patrullados militarmente, y solo durante el verano van unas pocas personas a las Georgias para recibir al turismo. A las Sándwich no envían a nadie ni siquiera durante el verano. Sin embargo la corona inglesa no devuelve tampoco estos archipiélagos vacíos ni se aviene a discutir la cuestión de la soberanía con la República Argentina según lo determinan varias Resoluciones de Naciones Unidas. Hay mucha mayor distancia entre las Malvinas y estos dos archipiélagos deshabitados que entre Malvinas y las costas patagónicas.

Conscientes hoy de que la baja población les juega en contra, actualmente atraen a trabajadores de otras regiones del Commonwealth e incluso de sudamérica para incrementar artificialmente las cifras de supuestos isleños. Estos inmigrantes no gozan de iguales derechos que los allí nacidos de descendencia falklander y así todo no han logrado alcanzar nunca los 3.000 habitantes estables, pues la mayoría no se afinca en forma permanente.

Las únicas líneas regulares que enlazaron la región por años con Argentina y el mundo fueron precisamente argentinas: la empresa naviera mercante ELMA y la línea aérea LADE que construyó en Malvinas el primer aeroparque.

¿Tiene entonces algo que ver la declamada “autodeterminación de los isleños” que argumenta Inglaterra con los auténticos móviles y objetivos del ocupante..?

Hoy resulta evidente que sus únicos intereses han sido y son militares y económicos basados en la situación geoestratégica de la región y su potencial de recursos naturales vivos y minerales.

El 3er argumento, la fuerza: derecho de las bestias según Cicerón.

Sería bueno conocer la cifra exacta de habitantes en la isla Gran Malvina pues resultará asombrosa su escasez, ya que los isleños malvinenses están aglutinados en Puerto Argentino con alguna gente desparramada en la isla Soledad. El número de soldados de la guarnición militar que los defienden de sus “vecinos infernales” (según se refirió a nosotros, los argentinos, un parlamentario inglés) es de más de 3.500 y llegó a superar los 5.000. Es decir, los militares de la “Fortaleza Falkland’s” superan ampliamente la cantidad de habitantes allí nacidos. Es indudable que se trata más de un enclave militar estratégico que de un anacrónico enclave colonial convencional. Allí despliegan armas de todo tipo de las usadas por la OTAN , incluyendo probablemente misiles nucleares o proyectiles de cabeza atómica (fijos o en tránsito). No lo sabemos. Pero sí sabemos que en esas, nuestras aguas, se hundieron buques con reactores y armas nucleares durante la batalla de 1982. Gran Bretaña nunca presentó un informe fehaciente sobre el tema, que podría perjudicarnos al igual que a los isleños a quienes cínicamente el gobierno inglés dice amparar. Esto contradice los Tratados de Tlatelolco y de Asistencia Recíproca (TIAR) que abarcan estos territorios insulares y marítimos pertenecientes al Continente Americano y a la República Argentina. Una ley británica prohíbe abrir los archivos de la guerra del ’82 durante 90 años: nuestros nietos se llevarán varias sorpresas. Ya transcurrieron 27, paciencia: solo faltan 62 años. Tal vez por ese entonces los mares de la zona - probablemente ya bajo nuestra jurisdicción-, colapsen por radiación atómica y conoceremos la causa y el origen: el uso de ese tipo de elementos durante la guerra y el secreto que encubre la desidia británica para resolver este problema potencial nunca denunciado por nuestras autoridades en los foros internacionales correspondientes.

El Reino Unido procura respaldo a su usurpación ofreciendo incorporar a la Unión Europea nuestro Atlántico Sur en calidad de “Territorios Británicos de Ultramar”. Cada vez que dicha constitución (o el nuevo apodo con el que la disfrazan: Tratado de Lisboa) fue plebiscitada, como en Francia, Holanda o Irlanda, resultó rechazada. De haber sido aprobada, los 27 estados de esa Unión hubiesen quedado obligados a defender esos territorios como propios en el campo económico, diplomático y militar. Ahora Inglaterra hizo pública una nueva artimaña para lograr el deseado apoyo: ofrece su Fortaleza Falkland’s como Base militar OTAN, en la que desplegarían sus tropas y usarían sus emblemas. La indigna condición argentina de “aliado extra-OTAN” obtenida con claudicantes políticas que repudiaron nuestra raíz aborigen americana, está siendo nuevamente mofada por las potencias europeas: Roma no paga traidores.

Los ingleses razonan que “si la guerra es la continuación de la política por otros medios, la política entonces será la continuación de la guerra”. Desde ese criterio actúa el ocupante, promoviendo su injerencia en nuestros asuntos internos como la economía y la política en general. Nuestro Ministerio de defensa se jacta de no tener actualmente hipótesis de conflicto, mientras un tercio del territorio nacional permanece ocupado militarmente por esa potencia extra continental. Es hora de prestar atención al peligro que entraña para nuestra Patagonia la potencial expansión de esa indeseable presencia, que tal vez se vea pronto reforzada por otras naciones europeas.

La alegre óptica de nuestros legisladores

Mientras tanto hoy, un análisis “malvinista” pero desmalvinizador que hace pública en su página web el “Observatorio Parlamentario Cuestión-Malvinas” del Poder Legislativo Nacional, en su capítulo “Situación actual” muestra a los argentinos activos y preocupados en <colaborar con el desminado de lo que fueron nuestras posiciones defensivas. Esmerados para que el ocupa se sienta como en su casa, se facilitan tareas engorrosas como la exploración para que la explotación de recursos en su exclusivo beneficio, sea rentable y resulte sencilla. También hablan de mutua “colaboración” en el relevamiento del talud de la Plataforma submarina para solicitar a la Convemar la extensión de derechos a las 350 millas>. Solo falta que se nos exija bajar el volumen de la música porque podría fastidiar a los ocupas. Si bien en su inicio esa web declara que lo expresado en la página no compromete al pensamiento político gubernamental sobre la cuestión, esto lo hace aún más confuso e inextricable, pues en muchos conceptos contradice lo expresado recientemente en varios foros por la Presidente de la Nación, responsable directa de la Defensa Nacional y las Relaciones Exteriores.

Algún “bajado de los barcos” habrá descubierto Malvinas en 1982, pero el Pueblo Argentino las tiene muy presentes desde 1833. El desembarco argentino del 2 de abril de 1982 concretó un antiguo anhelo popular anunciado por los jóvenes civiles del Operativo Cóndor en 1966 al aterrizar un avión en el hipódromo del entonces Puerto Stanley. Se cerraba entonces la prolongada etapa de metódica paciencia argentina abonada con oscilantes reclamos, tímidos o firmes según los estilos de cada gobierno.

"buenos y malos"

Supe que aquel trágico 14 de junio del ‘82, día de la rendición de la Guarnición Malvinas, festejaron de forma vergonzante generales y oficiales “procesistas”, muchos de los cuales seguramente aplaudieron o participaron en las crueldades contra sus conciudadanos durante la llamada “guerra sucia” o en el asesoramiento a los “contras” nicaragüenses, y por entonces se convertían en decididos “pacifistas- humanistas” al tener que batirse contra una fuerza invasora regular extranjera. Una actitud más repudiable que la del virrey Sobremonte en 1806, que para algunos parece hoy ser doctrina y ejemplo de conducta.

Curiosamente coincidieron entonces la “izquierda sepoy’s”* con la “derecha sepoy’s”: su majestad une a sus servidores y divide a los pueblos. Así surgió la perversa tesis de situar a la Tatcher como “libertadora” o enemiga de las dictaduras que ellos habían instalado, emplazando el cimiento de una continua acción sicológica sobre el pueblo argentino conocida como maniobra de “desmalvinización” o prédica desmalvinizadora, que se basa fundamentalmente en sembrar ignorancia y en distorsionar la realidad: sostienen que “no importa lo que suceda o haya sucedido sino lo que la gente crea que sucedió o sucede, ya que la representación de los hechos tiene un efecto político concreto”. Técnicas de dominación largamente acuñadas desde los tiempos de la conquista británica de la India , Sudáfrica y los puertos de China.

Mahatma Gandhi, el libertador hindú, decía al respecto: “una mentira consensuada por multitudes no se convierte en verdad, ni una verdad por todos ignorada se transforma en falsa.”. Por entonces Churchill catalogaba a Gandhi en la cámara de los lords del parlamento inglés como “un santón nazi semidesnudo…”.

Esto recuerda a esa canción de Violeta Parra que dice “cuando miro al bueno/ tan lejos del malo…”

Pablo Crocchi – Buenos Aires, 22 de abril de 2009

* nota: Sepoy [en inglés, cipayo]

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